Desde hace aproximadamente dos meses, los peruanos hemos sido sometidos a lo que se denominaría una campaña de propaganda de baja intensidad, en relación a los problemas que mantienen en jaque la gobernabilidad de Bolivia. En paralelo, sólo hemos escuchado de nuestro presidente García un forzado respaldo protocolar al orden constitucional y a la estabilidad democrática de Bolivia, cuando los otros de mandatarios de la región cantaban al unísono la canción de la unidad, aunque claro que Hugo Chávez se las arregló para desentonar de nuevo, haciéndole un flaco favor al gobierno boliviano en su lucha por la estabilidad de la república altiplánica.
Como resultado de las violentas manifestaciones, que incluyeron actos terroristas de sabotaje al sector energético público y tomas de locales estatales, las relaciones diplomáticas entre Bolivia y los Estados Unidos parecen haberse roto por completo. Los respectivos embajadores han sido retirados de sus oficinas. Incluso, el gobierno de Bush, con dramatismo hollywoodense, ha instado a sus ciudadanos a abandonar Bolivia vía Lima, para lo cual ha puesto a disposición de los 13 mil norteamericanos residentes en Bolivia dos aviones que tendrán la titánica tarea de transportarlos. Sí, claro.
Estos son pues simplemente gestos hostiles que cierran el diálogo y exacerban el enfrentamiento interno en Bolivia. Precisamente, es esa la queja principal de los opositores bolivianos: la incapacidad de Evo Morales para negociar con sus opositores - representantes de una minoría como lo demostró el Referéndum Revocatorio que dio a Morales aún más apoyo del que logró para convertirse en presidente. Sin embargo, no por ser minoritarios son menos representativos, ni se puede obviar su derecho a hacer oír sus demandas.
Asi que de un lado hay autoritarismo e intransigencia oficialista y del otro, una mafia de terratenientes y modernos señores feudales que constantemente patean el tablero de la democracia. No por movilizarse para manifestar, como es su legítimo derecho constitucional, sino al hacerlo con fines desestabilizadores y medios abiertamente violentos. De hecho, el gobernador de Pando, Leopoldo Fernández, ha sido detenido por el ejército boliviano y puesto a disposición de la justicia por las 18 muertes de pobladores de una comunidad campesina opuesta a sus reclamos.
Fernández deberá enfrentar el cargo de Genocidio que la Fiscalía General de Bolivia le impondrá por instigar el enfrentamiento civil en la localidad de El Porvenir, donde además habrían más de cien desaparecidos. ¿Se puede pensar entonces en limpieza étnica?
El oficialismo boliviano es apoyado en su mayoría por campesinos aymaras. Los dirigentes de la llamada "Media Luna" acusan a Morales de predicar un "mesianismo aymará" y de exaltar las diferencias socioculturales entre la población indígena y la élite blanca que controla las zonas más ricas en recursos naturales del país.
Esta etnificación del conflicto balcaniza aún más la situación de inequidad boliviana, que como latinoamericanos deberíamos conocer tan bien. Es evidente que el racismo existe en Bolivia, pero existe desde el momento en que los españoles instauraron una sociedad colonialista de castas en el nuevo mundo. Resulta francamente absurdo pensar que el racismo, el etnocentrismo, la intolerancia y la violencia social que estos elementos generan son una invención del presidente Morales.
Pongámonos en el escenario de que durante las manifestaciones separatistas apoyadas por Washington, el ejército boliviano hubiera pisado el palito, respondiendo con violencia a la provocación. Más allá que todo acto de violencia es reprochable, los expertos de CNN y otros medios internacionales habrían puesto el grito en el cielo y una intervención militar de la OTAN, para proteger a unas oprimidas provincias de la sanguinaria represión de un Stalin latinoamericano. Toda la energía condenatoria ausente durante las protestas cruceñas, sería estrenada para hacer de una posible intervención militar en Bolivia, un clamor general al que no tardarían en sumarse los Althaus, Vargas Llosas y Giampietris del globo.
En suma, una reacción desmedida del oficialismo boliviano serviría de excusa perfecta para separar la paja del trigo y propiciaría que a los separatistas agredidos se les considere como "amigos" del progreso y su curiosa idea de libertad. Mientras tanto, el gobierno boliviano pasaría a convertirse en enemigo de la comunidad democrática internacional y sus instituciones, tal y como pasó con los serbios en los noventa. Esta película ya tendría sus malos.
¿Y el Perú qué?
Por otra parte, durante la violenta semana, los países sudamericanos decidieron convocar una cumbre extraordinaria de la UNASUR en Santiago dado lo prolongado de la crisis boliviana. El Sr. Alan García fue el único mandatario sudamericano que no asistió a una reunión que tenía como objeto definir una posición regional consensuada sobre la delicada situación boliviana, con lo que confirmó que la postura oficial peruana hacia nuestros vecinos puede ser definida como confrontacional y poco solidaria.
Es más, nuestro canciller Joselo pidió enérgicamente que Bolivia aclare nombres y apellidos de los "supuestos" sicarios peruanos que Evo acababa de denunciar. Es decir, reaccionó como si esta fuera una afrenta automática al Estado peruano. Habría que recordarle a Joselo la participación de sicarios peruanos en la guerra de Iraq bajo la fachada de empresas de seguridad; así que en vez de cuestionar cada palabra que salga del Palacio Quemado, la Cancillería debería mostrarse más cautelosa.
Por otra parte, jamás se dio una excusa razonable para la llamativa ausencia de García en una mesa que incluso contó con la participación del presidente colombiano Álvaro Uribe, el principal socio de Washington de la región. Claro que los socialistas chilenos lo pifiaron.
Sin embargo, un par de días después, García viajó a Sao Paulo a inaugurar el ExpoPerú 2008, "megaevento que comprenderá una exposición sobre oportunidades de inversión y una rueda de negocios en materia de negocios e inversiones" (cita de la agencia oficial de noticias Andina)... Osea, ¿a eso si vas, mi querido bipolar? ¿te interesa más hacer de lobbista internacional que ayudar a resolver un impasse que entraña la potencial desintegración territorial de un país vecino, históricamente amigo del Perú? Es imperativo hacer un análisis de la historia y las nefastas consecuencias que pueden extenderse a los demás países latinoamericanos, aún inexpertos en la vida democrática y con tasas de desigualdad similares a la histórica .
Como era de esperarse, el detalle de la ausencia de García en la UNASUR no pasó desapercibida para los periodistas brasileños, quienes formularon la pregunta obvia: ¿por qué no fue, señor presidente Alan García, a la reunión de la UNASUR? La respuesta de García quiso abusar de la ignorancia sobre procedimientos políticos internos del auditorio: "Es un trámite engorroso del pasado, el Congreso peruano tenía que autorizar mi salida con anticipación", aludiendo un trámite congresal ideado para evitar la fuga de los presidentes corruptos (como él... comprenderá).
Está claro que nuestros dirigentes no ven con buenos ojos al régimen boliviano, pero desautorizar una reunión del UNASUR y pedir la discusión del tema en la OEA -evidentemente manejada por los intereses americanos- pone al Perú en el lugar del saboteador continental que juega para la potencia hemisférica.
¿Que es el UNASUR? Una plataforma diplomática puramente sudamericana, en la cual Estados Unidos ni es miembro, ni tiene participación directa. Pedir que se discuta este tema en la OEA es solicitar la injerencia norteamericana en temas políticos puramente regionales. En todo caso, es reconocer una supuesta incapacidad para manejar nuestro destino como libres ciudadanos del mundo. De cualquier forma, es una vergüenza.
